Pero este desarrollo, que se traduce en opciones terapéuticas y opciones de vida para millones de personas, no sería posible sin colaboración. La Iniciativa de Medicamentos Innovadores (IMI), creada en 2007 para mejorar la eficiencia y eficacia del proceso de desarrollo de fármacos innovadores, seguros y eficaces, es uno de los mejores ejemplos de que las asociaciones público-privadas pueden contribuir a mejorar la salud de millones de personas.
Su más reciente Agenda de Investigación Estratégica está basada en cuatro ejes principales de investigación:
Validación de objetivos e investigación de biomarcadores (eficacia y seguridad)
Adopción de paradigmas innovadores de ensayos clínicos
Medicamentos innovadores
Programas de adherencia adaptados al paciente.
Y también contempla las prioridades de salud de sus proyectos, entre las que se encuentran: la resistencia antimicrobiana, la diabetes, las enfermedades psiquiátricas, el cáncer y el desarrollo de vacunas.
Asimismo, la IMI ha puesto en marcha diversos proyectos para abordar la emergencia de salud por la Covid-19, entre ellos el proyecto ZAPI, que se lanzó en 2015 con el objetivo de construir una plataforma de tecnologías para facilitar respuestas rápidas a brotes de enfermedades zoonóticas, y que hoy opera en la búsqueda de tratamientos para el nuevo coronavirus.
Otras iniciativas como el proyecto ConcePTION, para el uso de medicamentos durante el embarazo y la lactancia; RADAR-CNS para capturar datos de monitoreo remoto a través de teléfonos inteligentes; y VALUE-Dx sobre diagnóstico rápido de resistencia antimicrobiana, dan cuenta del trabajo colectivo de los 32 asociados de IMI y de los 20 socios de investigación de la EFPIA, quienes confían en que tejer nuevas redes de conocimiento es clave para abordar los desafíos pendientes en materia de salud.
Redacción MD || Fuente AMIIF