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¿Podemos fortalecer nuestro sistema inmunitario para enfrentarnos mejor al COVID-19?

Jun 01, 2020

 

Ciudad de México. La pandemia del COVID-19 está arrojando las mayores cifras de infectados y fallecidos por una crisis sanitaria de la historia reciente. Pero ¿cómo podemos luchar contra ella? Además de aislarnos y seguir de forma estricta las recomendaciones de las autoridades, debemos proteger nuestro sistema inmunitario. Siguiendo esta línea, la doctora Mónica de la Fuente, Catedrática de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid (España), comparte una serie de consejos para fortalecer el sistema inmunitario, clave para combatir cualquier infección.

El COVID-19, con sus peculiaridades, no deja de ser un virus. Todos disponemos de un sistema fisiológico que nos permite defendernos frente a cualquier infección: el inmunitario, aclara De la Fuente. Para que en esa lucha salgamos victoriosos, necesitamos que nuestras células inmunitarias funcionen adecuadamente. Según la doctora, si tenemos una buena inmunidad podremos ser de los que superemos la infección sin problemas, aunque tengamos que padecer algunos síntomas, o mejor aún, podemos ser de los muchos asintomáticos portadores del virus. 

Hay que tener en cuenta que los síntomas son la manifestación de la lucha que el sistema inmunitario está llevando a cabo para vencer al virus. El problema llega cuando no se dispone de una buena inmunidad, eso nos puede llevar a no sobrevivir a la batalla. Este hecho se está notando de manera clara en los infectados por el COVID-19, el cual afecta en mayor medida y con una tasa de mortalidad más alta a las personas que no tienen un sistema inmunológico reforzado. Por ello, estamos viendo tantos fallecimientos entre las personas mayores y en otras no tan mayores, pero con alguna patología a la que se encuentra asociada, generalmente, una mala inmunidad. Hace años, los científicos designaron al desempeño funcional del sistema inmunitario como el mejor indicador de nuestro estado de salud. 

Disponer de una buena inmunidad es necesario para mantener la salud en cualquier momento. Constantemente estamos sometidos a infecciones y a células que se malignizan, pero nuestro sistema inmunitario nos va defendiendo de ellas. En las circunstancias actuales, el tenerlo funcionando adecuadamente se vuelve más imprescindible. A continuación, la doctora De la Fuente responde a dos cuestiones básicas sobre este tema. 

· ¿De qué depende que tengamos una buena inmunidad? 

Evidentemente hay un componente genético que influye en esa apropiada o no respuesta inmunitaria de cada uno de nosotros, pero lo que más afecta es el estilo de vida que tengamos. Todos hemos oído decir, y lo apoyan los estudios científicos, lo importante que es la dieta que hagamos (variada y sin excesos, con los componentes típicos de la dieta mediterránea como paradigma de una alimentación saludable). También, tenemos claras las bondades del ejercicio físico (moderado y ajustado a las características de cada persona) pero sin olvidar el ejercicio mental (lo que no se usa se atrofia y nuestro cerebro requiere ser utilizado). 

Además de lo indicado, es posible que nos resulte incluso curioso conocer la gran importancia que tiene para conseguir ese espléndido sistema inmunitario, la capacidad de controlar la respuesta a las situaciones de estrés, de cómo sean nuestras emociones. Este aspecto hoy científicamente comprobado, se enmarca en la ciencia denominada “psiconeuroinmunología”, que estudia cómo el sistema inmunitario y el sistema nervioso trabajan constantemente comunicados de forma bidireccional. 

Esto explica que personas a las que invade el miedo o la tristeza, que tienen ansiedad o depresión, que se encuentren lo que se denomina comúnmente “estresadas”, presenten una inmunidad tan deteriorada que sea culpable del mayor riesgo de padecer una enfermedad y morir. Por el contrario, las emociones positivas, el saber relajarse y adaptarse a las circunstancias, son herramientas importantes para mejorar nuestra respuesta inmunitaria. 

Un hecho que ayuda también de forma importante en este marco que estamos considerando, es el ‘adecuado descanso’. Un ‘sueño reparador’ va a influir en que consigamos esa buena salud, ayudando a nuestro cerebro y a nuestra inmunidad, y consecuentemente a todo el organismo, a funcionar en las mejores condiciones. 

Hay muchas pautas de nuestro estilo de vida que pueden favorecer el que lo consigamos, y en esto la ciencia sigue aportando evidencias constantemente. Ya no es sólo el distanciamiento de la cena respecto a la hora de acostarnos, el que sepamos seguir unas pautas regulares que favorezcan al funcionamiento de nuestro reloj biológico circadiano es trascendental. Entre las cosas que podemos considerar están: el saber relajarnos cuando nos acostamos, el dormir con la habitación completamente a oscuras, el mantener una temperatura apropiada del cuarto y dejar el teléfono celular, la computadora portátil, etc., fuera de la recámara. Esta desconexión tecnológica que nos evita la contaminación electromagnética es fundamental para dormir bien. De hecho, hay sistemas de descanso con esas particularidades como HOGO, fabricado en España. 

· ¿Por qué el COVID-19 está afectando no sólo a personas mayores sino también a más jóvenes? 

Frente a la primera idea de que esta pandemia ante la que nos encontramos luchando afectaba principalmente a personas mayores y con patologías graves, con el paso de los días son más los casos conocidos de personas no tan mayores que se están contagiando por el COVID-19. Y esto, ¿por qué ocurre? Es sabido que al envejecer el sistema inmunitario se deteriora, surgiendo lo que se denomina una “inmunosenescencia” que, por lo dicho anteriormente sobre el papel relevante de este sistema, explica el mayor riesgo de patologías y muerte que hay en la vejez. La cuestión es que, en el proceso de envejecimiento, que iniciamos desde los veinte años, lo que importa es cómo vayamos deteriorando nuestra capacidad funcional, y no tanto la edad cronológica que tengamos. 

Esa velocidad de envejecimiento, que es distinta para cada persona, es lo que se conoce como “edad biológica”, y resulta generalmente diferente de la cronológica. De nuevo vuelve a influir en esa particular velocidad de envejecimiento la genética, pero fundamentalmente el estilo de vida. Por ello, una persona puede tener 40 años de edad cronológica, pero 70 de edad biológica. Una de las maneras más eficaces para medir este indicador es precisamente el estado funcional de nuestro sistema inmunitario. Este hecho puede explicar que personas relativamente jóvenes, incluso sin patología evidente, puedan tener el riesgo de no superar adecuadamente la infección. Por ello, en estos momentos más que en otros, el tener una edad biológica joven es fundamental. 

La catedrática Mónica De la Fuente lleva muchos años en la Universidad Complutense de Madrid investigando sobre cómo determinar la velocidad a la que envejece una persona y qué factores de estilo de vida pueden ayudar a mantener una edad biológica más joven. Sus numerosas publicaciones científicas en este ámbito avalan las afirmaciones que ha realizado. 

En situaciones como las que estamos viviendo, que pueden llevar a muchas personas a estados de miedo y ansiedad que aumentan la velocidad de envejecimiento, deteriorando nuestra inmunidad; hay que intentar fortalecer, con más empeño todavía, nuestro sistema inmunitario. Todo lo indicado antes ayuda: lo que comemos, la actividad física y mental que hagamos, nuestra actitud positiva ante la situación, el descanso reparador y el largo etcétera que intuimos es beneficioso para nuestra salud, pero que ya la investigación científica ha demostrado que lo es. 

Para mayores y mejores resultados, es importante contar con un sistema de descanso que permita reparar nuestro organismo mientras dormimos. Pensando en ello, HOGO, el mejor sistema de descanso, fue creado. Sus componentes y materiales permiten un descanso, que sin importar la actividad que se realice o el constante estrés al que se esté expuesto, es verdadero y regenerador. 

HOGO es el único sistema de descanso patentado y garantizado científicamente que protege a las personas que duermen en él de las radiaciones externas. Además, es el único sistema de descanso que utiliza exclusivamente productos 100% naturales. 

Redacción MD