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Instituto de Química: 80 años de aportaciones relevantes

Abr 07, 2021

Ciudad de México. El Instituto de Química (IQ) es una instancia científica de primer nivel y un referente nacional e internacional por la investigación de frontera que realiza y la formación de recursos humanos de excelencia, por lo cual se mantiene en la vanguardia y conserva su posición de liderazgo en esta disciplina, asegura su director Jorge Peón Peralta.

Durante ocho décadas ha hecho aportaciones relevantes a la Universidad Nacional y a México, algunas incluso con impacto mundial. Aquí la experiencia y el conocimiento de 80 años se unen para ofrecer soluciones específicas a los problemas que enfrenta el país. “Ese debe ser el enfoque principal de un Instituto como el nuestro”.

Cuenta con espacios de investigación únicos en territorio mexicano, como el Laboratorio Nacional de Estructura de Macromoléculas (LANEM), “manifestación concreta de una colaboración inter e intrainstitucional exitosa”, añade su encargada, Adela Rodríguez Romero.

En el presente siglo, refiere Elizabeth Gómez Pérez, también investigadora del IQ, la entidad incide en líneas de indagación novedosas, como la nanotecnología y desarrolla un sinnúmero de compuestos con múltiples aplicaciones, como antidepresivos, anticancerígenos o compuestos sintéticos de menor repercusión ambiental. El Instituto “ha ido de la mano de la industria y siempre ha estado al servicio de la sociedad”.

Inaugurado el 5 de abril de 1941, sus instalaciones se ubicaron en el terreno que ocupaba la entonces Escuela Nacional de Ciencias Químicas, hoy Facultad de Química, en la zona de Tacuba. Su misión inicial fue organizar la investigación científica en su campo en México, para institucionalizarla.

En los primeros momentos de la expropiación petrolera, la instancia universitaria desarrolló la síntesis industrial del tetraetilo de plomo, el antidetonante que permitió comercializar las gasolinas en México y que dejó sin efecto el boicot internacional impuesto a nuestra nación; el primer anticonceptivo oral, incluso la mundialmente reconocida “reacción de Romo” para transformar compuestos de esteroides (hormonas) que se pueden usar como fármacos, recuerda Peón Peralta.

En el listado de las contribuciones más significativas del IQ en sus 80 años de funcionamiento no puede faltar la presencia en sus laboratorios del entonces estudiante de licenciatura José Mario Molina-Pasquel y Henríquez (tesista de Armando Manjarrez), quien en 1995 obtuvo el Premio Nobel de Química.

El presente

En la actualidad, menciona Peón Peralta, esta entidad académica se conforma por 66 investigadores y 45 técnicos académicos, quienes participan directamente en la formación de los alumnos. A ellos se suman aproximadamente 600 estudiantes en apoyo a la investigación.

La generación de recursos humanos es una labor que en el IQ se toma en serio. “Siempre estamos en el primer o segundo lugar de la Universidad en el número de alumnos formados por investigador, siempre con la idea de que es crucial que esa tarea se dé, codo a codo, con el personal académico”.

Para Adela Rodríguez Romero, se cuenta con la mejor infraestructura: “Tenemos un Instituto de primer nivel, cuyos académicos publican en las mejores revistas científicas internacionales y nuestros estudiantes son muy solicitados en los ámbitos industrial y académico. Tenemos un lugar de lo mejor que hay en la investigación química en el país”.

Además de sus actuales instalaciones en Ciudad Universitaria, el IQ tiene una sede cerca de Toluca, en el Centro Conjunto de Investigaciones en Química Sustentable, “un esquema donde se unieron los esfuerzos de dos instituciones educativas: la UNAM y la Universidad Autónoma del Estado de México. En esta colaboración, aprenden una de la otra”, asienta el director.

En el Instituto se dispone de cinco departamentos: Química Orgánica, donde se trabajan moléculas principalmente formadas por carbón, hidrógeno, nitrógeno, azufre; Química Inorgánica, encargada de los demás elementos de la tabla periódica (incluidos los metálicos, para generar catalizadores que sirven para transformar una molécula en otra) y la labor en el área de materiales.

Igual se cuenta con el departamento de Productos Naturales, donde se estudia la química de las plantas y compuestos de hongos, bacterias y organismos marinos, así como su utilidad; y el de Química de Biomacromoléculas que está dedicado a moléculas biológicas compuestas hasta de decenas de miles de átomos, como proteínas y ADN.

Por último, el departamento de Fisicoquímica, dedicado a la observación de las leyes fundamentales de la física, a la estructura y las transformaciones a nivel molecular. “Analizamos cómo esas leyes permiten predecir el comportamiento de las moléculas, por ejemplo, su toxicidad. También se usa la interacción de la luz con las moléculas para examinar sus conformaciones y transformaciones”, explica.

Entre sus laboratorios nacionales destacan el LANEM para determinar la estructura de proteínas complejas, con decenas de miles de átomos y una precisión adecuada para conocer dónde se sitúa cada uno de ellos; además, el Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, donde se estudia la composición y las alteraciones con el tiempo de las expresiones artísticas realizadas desde la época precolombina, con materiales y técnicas únicas; así como el Laboratorio Universitario de Resonancia Magnética Nuclear con los equipos más sensibles para esta técnica en toda Latinoamérica. En éste se ejecutan proyectos que examinan, por ejemplo, el estado metabólico de pacientes de los Institutos Nacionales de Salud.


Aspiraciones cumplidas

Adela Rodríguez Romero ingresó al IQ en 1984, “lo cual fue un gran logro y privilegio, aunque en ese momento fue un poco difícil porque conmigo éramos sólo cinco mujeres y no fue fácil adaptarse a un ambiente prácticamente masculino; se siente mucha presión”.

Fue invitada para iniciar un proyecto de biología estructural de envergadura en el país: obtener la estructura tridimensional de una proteína utilizando técnicas de difracción de rayos X que hasta entonces no se hacía en México e internacionalmente eran pocas las estructuras resueltas. “Luego de dos años de trabajo logré purificar y obtener cristales adecuados que permitieron efectuar los estudios de difracción de rayos X”.

En tanto, la científica Elizabeth Gómez Pérez entró a Química el 1 de mayo de 2000 como estudiante de posdoctorado. Fue la cuarta posdoctorante del departamento de Química Inorgánica y la primera mujer.

Actualmente una de sus líneas de investigación se centra en los aspectos estructurales y potenciales de aplicaciones del estaño. “Buscamos compuestos con actividad anticancerígena y antiinflamatoria, que tengan relevancia y que puedan beneficiar a la sociedad”.

A futuro, señala, veo un Instituto mucho más fortalecido. Ha evolucionado en estos 80 años hacia la interdisciplina en la investigación y la formación de estudiantes, la cual ha impulsado la innovación y la transferencia de conocimiento.

Redacción MD | Fuente UNAM

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