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Las crisis derivadas de la crisis: el caso del Covid-19

Jul 06, 2020

Ciudad de México. Han transcurrido cerca de tres meses desde que inició el confinamiento en México debido a la pandemia y entre los especialistas en salud mental surge una pregunta: ¿En qué consiste que algunas personas reaccionen mejor que otras ante el encierro prolongado y la incertidumbre?

A este cuestionamiento responde en entrevista la Dra. Daniela Flores Mosri, académica de la Universidad Intercontinental e investigadora en Neuropsicoanálisis, quien analiza el impacto de la crisis actual sobre la salud y la estabilidad mental.

¿Qué rasgos comunes ha observado en sus pacientes en estos últimos meses?
El campo de la salud mental ha visto diversos tipos de reacción ante el contexto del Coronavirus.

Existen personas que han mostrado una amplia capacidad para sacar ventaja de tan extraordinarias circunstancias, por ejemplo, utilizando la tecnología disponible para trabajar, aprovechando el tiempo que habrían otorgado al traslado a su lugar de empleo para relajarse, hacer ejercicio, cocinar, pasar tiempo con la familia o incluso aprender nuevas habilidades mediante los múltiples cursos en línea que se ofrecen de forma gratuita.

Sin embargo, también hemos observado dificultades para sobrellevar las
restricciones, ejemplificadas en reportes de ansiedad, soledad, tristeza, ira, falta de motivación, violencia intrafamiliar, consumo acentuado de alcohol y otras drogas, insomnio, aumento de temores, nerviosismo, sentimientos de desesperanza, confusión, enojo y frustración, entre muchos otros.

¿Por qué es tan complejo el manejo de la incertidumbre?

Si bien se nos han propuesto eficientes medidas de higiene de la rutina diaria para amortiguar el peso de tan relevantes implicaciones, todo recurso se agota después de semanas que se vuelven meses de condiciones extrañas a nuestra previa conceptualización de la vida. Hacer planes se vuelve un absurdo en cuanto no hay fuente confiable de información que garantice la viabilidad de las metas que uno pueda proponerse. Coincidente y difícilmente, el ser humano depende de su capacidad predictiva.

Luego de varios meses, hoy esperamos ansiosos que se levanten las restricciones, agotados de semanas de encierro y de la ansiedad que produce la incertidumbre del contexto vigente. Sin embargo, resulta también una fuente de temores pensar que simplemente saldremos del confinamiento a
retomar las actividades, antes de tenerse en disponibilidad una vacuna o tratamiento específico para el COVID-19. De ahí la vivencia de conflicto derivada de la paradoja: si no salimos, tendremos un mayor deterioro de la vida cotidiana por la falta de empleo y por la sensación de desesperación que producen el encierro prolongado y el aislamiento social. Por otro lado, si salimos, corremos un alto riesgo de contagios que implicaría la saturación de los servicios de salud, y en consecuencia un aumento del
número de muertes. Parece tratarse de un problema sin solución evidente en el futuro inmediato.

¿Por qué hay a quienes se les complica más hacer frente a tan desconcertante situación?

La sensación de pérdida de control fácilmente contribuye a que surja cualquiera de los problemas mencionados, permitiendo pensar que la mayoría tendrían su origen exclusivo en las restricciones recomendadas para evitar el contagio de Coronavirus. Pero par dar respuesta hay que considerar
factores múltiples que deben abordarse de forma, tanto individual como grupal.

Una de las observaciones más frecuentes hasta el momento se basaría en la crisis actual, derivada de las crisis previas. En muchas ocasiones, los acontecimientos difíciles no son atendidos por las personas, ya que los recursos con los que suelen sobrellevarlos les permiten pensar que están superados o que incluso no corresponden a una crisis. A partir de un análisis más detallado, puede apreciarse que muchas personas que conservaban tales crisis bajo un relativo control, ahora se encuentran en un estado realmente de alerta debido a la sumatoria de eventos.

Posiblemente si ciertas familias no hubieran tenido que enfrentar el encierro prolongado, éstas no habrían experimentado de forma tan
vívida los conflictos que se habían guardado por años. Otras personas no habrían sabido que les es tan intolerable la soledad y el distanciamiento de otros. Incluso algunos no habrían descubierto aspectos sintomáticos como depresiones, fobias, compulsiones, adicciones y trastornos de sueño entre otros.

¿Qué hacer entonces ante tales descubrimientos de crisis?

El ser humano como un organismo complejo cuenta con la cualidad de experimentar subjetivamente los episodios de la vida, lo cual constituye su mente, cuya característica fundamental es otorgar valores a los acontecimientos que le acompañan para incrementar sus oportunidades de supervivencia.

Esos valores se sienten como cualidades afectivas que le indican si debe emprender conductas orientadas a la resolución de problemas. Sentirse mal orienta al movimiento con la finalidad de aliviar algún desequilibrio. Es este precisamente el punto en el que las restricciones por el Coronavirus limitan a la mente sobrepasando sus posibilidades resolutivas. Tanto los problemas viejos como los nuevos, topan con obstáculos que en este momento pueden impedir soluciones inmediatas o a mediano plazo, incrementando por tanto los niveles de malestar.

Por lo anterior, se vuelve esencial comprender que lo que las personas están sintiendo, es una reacción apropiada al contexto. Puede ser que los problemas previos se recrudezcan por las restricciones, provocando la sumatoria de crisis. Por tanto, requerimos apoyarnos con los recursos que tenemosdisponibles:

• El ser humano necesita del contacto con los demás para sobrevivir como parte de sus instintos.

Saber que podemos contar unos con otros es uno de los factores más robustos para salir adelante y poder conservar un cierto optimismo en la espera de vuelta a lo conocido, a aquellas condiciones que hacían pensar que estábamos bajo control.

• Humildad ante todo: no es posible pensar en un control realmente, sin embargo, poder plantear algunas predicciones correctas ayuda a conservar esperanza, paciencia y motivación.

• No dudemos en pedir apoyo si así lo requerimos. El malestar es una reacción apropiada ante situaciones que impiden solucionar de forma confiable nuestros problemas cotidianos.

Atendámosle para poder generar opciones resolutivas.

• Tomemos las dificultades como una oportunidad para revalorar las prioridades de nuestra vida.
Replantear la jerarquía de nuestros intereses, se vuelve esencial en contextos de crisis.

Redacción MD

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