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HISTORIA DE COVID19 :: En el infierno con ángeles (III DE IV)

Ago 03, 2020

Por Alejandro Cárdenas San Antonio

Meses antes de que la cafetería Macondo fuera consumida por las llamas, Rafael Castro le había dado otro toque distintivo y peculiar a su negocio dentro del mercado de San Cosme; no sólo eran sus bebidas bautizadas con los nombres de los personajes de la novela Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, ni el permanente aroma a tostado de las semillas de origen chiapaneco, Rafael, -con su singular ateísmo pragmático- enseguida de servir el café a la clientela, realizaba un ritual muy propio y altamente efectivo: colocaba ceremonioso sobre la mesa lo solicitado y leía o recitaba elocuente y en voz alta, la “Oración a San Caferiano”, una invocación íntima inventada por él mismo rindiendo pleitesía al ficticio patrono de la ambrosía más socializante en el planeta: la cafeína.

“San Caferiano, glorioso grano que aromatizas y deleitas mi paladar, tranquilizas mi estado de ánimo y fortaleces mi creatividad, te venero porque desde tus entrañas y un buen y honesto tueste, me haces el día mejor Por lo que a vos acudo cuando me siento cansado o hasta deprimido y ante una taza de buen café, me postro a implorarte me quites de todo mal, Amén”.

Finalizada su liturgia agnóstica, decía: “¡Buen provecho y ojalá les guste mi café y traigan a más personas a consumir!”; con ese tipo de servicio esmerado e histriónico, fue fidelizado cliente por cliente, hasta que logró llenar a diario el espacio de 10 metros cuadrados y pudo dar empleo a una persona.

A consecuencia del incendio, Rafael tuvo que darle las gracias a su asistente y trabajó solitario su cafetería un par de meses sobre la banqueta del perímetro de la nave comercial, en el pequeño espacio que habilitó la administración del mercado San Cosme para todos los afectados por la conflagración.

El 26 de abril ingresó de emergencia al Hospital General Tláhuac, nosocomio Covid.

“No se cómo relatar esta historia en esta época de infección mundial, es lo más difícil que yo he vivido, y es que sucesivamente me subía y me bajaba un dolor de estómago, el escalofrío, el dolor de huesos, el dolor de cabeza, la temperatura, me faltaba aire, fue una pesadilla… Lo puedo llamar: estar en el infierno y entre ángeles, porque la verdad, me apoyaron mucho los médicos y enfermeras, esas personas grandiosas me dieron sus cuidados y atenciones hasta para ir al baño y me condujeron hacia una forma de sanar con medicamentos, sacándome sangre, dándome alimentos, poniéndome suero… durante varios días en ese infierno y entre ángeles, yo reflexioné sobre distintas cosas, pacté con la vida misma para poder continuar y fue que no me fui al otro lado y aquí estoy haciendo una remembranza de lo que viví…”

METAMORFOSIS

Las secuelas de la pandemia son innumerables, el confinamiento ha sido algo que nunca se había vivido simultáneamente a nivel planetario, ha sido semejante a bajar el telón en el escenario de todas las actividades de la humanidad, ese repentino freno apremió una metamorfosis a la forma de entender la economía, la religión, la naturaleza, el pensamiento, la existencia y nuestra interacción en el mismo núcleo social exigiendo otro tipo de convivencia; en esta época de increíbles y deslumbrantes avances tecnológicos y científicos, es prácticamente inesperado para muchos tomar conciencia que dependemos de nuestro propio sistema inmunológico para continuar vivos y respirando, al portar el virus, somos el mismo campo de batalla; ante esta nueva enfermedad, día y noche la ciencia y la medicina caminan a tanteos buscando vacunas y tratamientos, SARS-CoV-2 en esencia tiene la particularidad de encontrar los puntos débiles de nuestro organismo y, si carecemos de un vigoroso ejercito de glóbulos blancos o presentamos comorbilidad, nos colapsa hasta la muerte sin distingo de raza, edad ni sexo.

En esta guerra sin cuartel, en los hospitales hay carencia de equipo especial para protegerse del contagio, en la primera fila del combate se encuentra el personal de salud, son médicos y enfermeras, como Silvia Rodríguez que está en la línea de fuego en el área de Covid-19 desde que esto comenzó, en el Hospital General “José G. Parres” en Cuernavaca, Morelos.

“…de inicio te digo que si no contamos con el equipo de bioseguridad que nos debe de proporcionar el hospital, estamos poniendo en peligro nuestras vidas y las de nuestra familias, por lo demás, los pacientes de entrada tienen cubrebocas porque nosotros se los ponemos y el mayor riesgo es con los intubados porque tienen un tubo endotraqueal conectado a un respirador y si el paciente tiene muchas secreciones y no es posible acomodarlo para que el mismo expectore o saque las flemas, nosotros tenemos que aspirar a través de agua inyectable y tubos de secreción hasta que sean más fluibles, además hacemos lavados bronquiales, etcétera. Te imaginarás la cantidad de virus que el paciente expira sobre nosotros mientras trabajamos en su cuidado y el nivel de exposición en el que estamos durante el turno”.

PRUEBA DE ÁCIDO

La realidad es que en este momento, ser enfermera o médico es un trabajo de alto riesgo, no sólo por estar en permanente exposición al virus y carecer del apoyo de las instituciones de salud con equipo de bioseguridad, sino al salir a la calle, al terminar su extenuante jornada de trabajo, fuera del hospital dejan de ser esos ángeles salvando vidas de los que habla Rafael, muchos de ellos pasan a recibir insultos, agresiones físicas, discriminación en el transporte público, estigmatizaciones en sus colonias o por sus vecinos al ser considerados focos ambulantes de propagación de Covid-19, incluso en el absurdo de estos arrebatos, han sido asesinados como ocurrió en Torreón, Coahuila, en ese estado fueron ultimadas tres enfermeras en su propia casa el 7 de mayo de este 2020.

La situación ha puesto en prueba de ácido el juramento de Hipócrates: “En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo, solemnemente, a consagrar mi vida al servicio de la humanidad, la salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones…”


Y cabalmente así ha sido, Amnistía Internacional fue quien lo confirmó el día 13 de julio cuando dio a conocer que México es el quinto país en el mundo con más muertes entre el personal médico, la organización afirmó que contaba con un registro de 248 trabajadores de la salud fallecidos a consecuencia de Covid-19 y que en el planeta sumaban más de tres mil y exigía a los gobiernos que tomaran cartas en el asunto, especialmente en Estados Unidos donde había 507 decesos, en Rusia 545, Reino Unido 540, Brasil 351 y México.

Pese a las carencias y la falta de equipo, la enfermera Silvia Rodríguez nos explicó cómo y por qué se ha mantenido sana y sin contagio: “Yo invierto de mi escaso salario y me compro algunas cosas para evitar el contagio, yo cuido mucho mis ojos, la cara y la boca, me coloco dos gorros, un par de goggles, cubreboca KN 95 con sellado profundo para que no haya penetración de aerosoles ni gases y una careta, además del traje Tybek que cubre todo mi cuerpo y lo protege de la dispersión del virus, utilizo debajo dos batas de cirujano y esto evita contaminarme, uso también doble cubrezapatos, guantes al triple como si fueran mi piel, manejo permanentemente desinfectante entre paciente y paciente y por igual me cambio un juego de guantes desechables y lo sustituyo por otro nuevo.

CONTRACCIÓN ECONÓMICA

El Banco Mundial tiene su enfoque particular sobre las consecuencias de Covid-19, en su página electrónica (1) dio a conocer que: “Los efectos están siendo particularmente profundos en los países más afectados por la pandemia y en aquellos que dependen en gran medida del comercio internacional, el turismo, las exportaciones de productos básicos y el financiamiento externo. Si bien la magnitud de las perturbaciones variará en función de la región, todos los mercados emergentes y las economías en desarrollo MEED, acusan vulnerabilidades que se ven agravadas por las crisis externas. Asimismo, la suspensión de las clases y las dificultades de acceso a los servicios primarios de atención de salud probablemente tengan repercusiones a largo plazo sobre el desarrollo del capital humano”.

Ayhan Kose, director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial (2), declaró: “La recesión ocasionada por la COVID-19 es singular en varios aspectos, y es probable que sea la más profunda para las economías avanzadas desde la Segunda Guerra Mundial y la primera contracción del producto en las economías emergentes y en desarrollo en al menos los últimos seis decenios”.

En la parte laboral, la Organización Mundial del Trabajo OIT ha informado: “…las horas de trabajo, a nivel mundial, disminuyeron 14 por ciento en el segundo trimestre de 2020, lo que equivale a la pérdida de 400 millones de empleos a tiempo completo (sobre la base de una semana laboral de 48 horas). La gran mayoría de los trabajadores del mundo (93 por ciento) sigue viviendo en países con algún tipo de cierre de los lugares de trabajo”.

Para el segundo semestre de 2020, la a OIT prevé dos escenarios: uno pesimista y otro optimista:

“El escenario pesimista asume una segunda ola de la pandemia y el regreso de las restricciones, lo cual ralentizaría la recuperación de manera significativa. Como consecuencia se produciría un descenso de las horas de trabajo de 11,9 por ciento (340 millones de empleos a tiempo completo). El escenario optimista asume que las actividades de los trabajadores se reanudarán rápidamente, impulsando de manera significativa la demanda agregada y la creación de empleos”.

En México las cosas van por el mismo rumbo, en el último reporte del INEGI sobre ocupación y empleo realizado vía telefónica -por circunstancias de pandemia- a la que denomina Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo ETOE, reportó que la Tasa de Participación Económica en abril de 2020 fue a la baja en 12.3 puntos porcentuales comparada a la de marzo del mismo año, lo que representa 12 millones de personas desempleadas en el país, por encontrarse en un estado de suspensión laboral temporal ocasionado por la cuarentena y que se trata de una suspensión sin percepción de ingresos de por medio y sin certeza de si se mantiene el vínculo laboral o de retorno al trabajo.

(1)https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2020/06/08/covid-19-to-plunge-global-economy-into-worst-recession-since-world-war-ii

(2) https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_749401/lang--es/index.htm


DESIGUALDAD DE GÉNERO

El impacto laboral para las mujeres es otro dato que arroja la OIT y ha sido poco contemplado: “El Observatorio constata además que las trabajadoras han sido afectadas de manera desproporcionada por la pandemia, creando el riesgo de que algunos de los modestos progresos en materia de igualdad de género alcanzados en las últimas décadas se pierdan y que las desigualdades de género relacionadas con el trabajo se agudicen. El grave impacto de la COVID-19 sobre las mujeres está relacionado con su sobre-representación en algunos de los sectores económicos más afectados por la crisis, tales como la hostelería, la restauración, el comercio y la industria manufacturera. A nivel mundial, casi 510 millones (40 por ciento) de todas las mujeres empleadas trabajan en los cuatro sectores más afectados, frente a 36,6 por ciento de hombres”.

Otra realidad son los negocios en banca rota, los despidos y las demandas laborales por contratos rescindidos injustificadamente, hay personas que incluso en la desesperación están sacando del banco el dinero ahorrado para su retiro y datos sobre el trabajo informal, ni hablar: viven al día, no tienen ingresos fijos, ni seguridad social y según el INEGI ya son 22 millones de personas en esas circunstancias y su cantidad va al alza.

RULETA RUSA

“Yo me puse en las manos de los doctores y las enfermeras, permanentemente estaba siendo monitoreado, al igual que todos los que estábamos ahí, yo traté de estar relajado y por medio de los medicamentos creí que iba a ir saliendo poco a poco, no quise pensar en que me iba a llevar la “calaca”, en desaparecer de este mundo, aunque sí, hubo momentos en que pensé en mi familia, en la ignorancia de la sociedad, en la obligada y la voluntaria frente a esta pandemia, en esas mañas corruptas de la política y creí que esta enfermedad había sido algo deliberado y premeditado y que les estaba saliendo muy bien”.

Al momento de elaborar este reportaje, en México ya éramos el cuarto país con mayor incidencia en muertes. Nos llevaba ventaja Estados Unidos, Brasil y el Reino Unido.

La actual incertidumbre para sobreponerse a las consecuencias de este virus es semejante a participar en el juego tétrico y suicida de la ruleta rusa, en siete meses han sucumbido 600 mil personas en el mundo cuando el SARS-CoV-2 accionó el gatillo, y en este momento, en el tablero hay 13 millones 450 mil infectados confirmados que ya entraron a esta ruleta donde el premio es la sobrevivencia.

Hay afortunados que cuando gira el tambor, les toca la recámara vacía y logran contar la experiencia como Rafael que incluso padece diabetes mellitus tipo 2 y que por ironías de la vida, a los pocos días que lo dieron de alta, se fue de viaje en avión a la playa nudista de Zipolite en Oaxaca, y no fue para festejar, sino que desde octubre de 2019, su esposa Lucía, ilusionada había aprovechado la oferta de un paquete turístico para tres personas, y tomando el sol y disfrutando las olas, Rafael, quien nos pidió llamarlo “El profeta del café”, nos hizo llegar como parte de su odisea, un video y fotografías ilustrando la severa caída económica en aquel rincón emblemático, paradisiaco y desinhibido en el estado de Oaxaca.

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